miércoles, 26 de enero de 2011

La huesped

Conocía la exagerada expresión que los humanos aplicaban a la pena cuando hablaban de un "corazón roto". Melanie recordaba haber utilizado esa expresión aplicada a sí misma, pero yo siempre había pensado que era una hipérbole, una descripción convencional de algo que no tenía ninguna relación con lo físico, como cuando decimos que tenemos mano con las plantas. Así que podía esperar sentir dolor en el pecho. También la náusea, sí, la inflamación de la garganta, sí, y de nuevo sí las lágrimas ardientes en mis ojos, pero ¿qué era esa sensación de desgarro bajo mis costillas? No tenía lógica. Y no era únicamente el desgarro, sino también la convulsión y la sensación de algo que tira en todas direcciones. Porque también el corazón de Melanie se estaba rompiendo, y era una sensación paralela, como si me hubiera crecido otro órgano para compensar el de nuestras conciencias gemelas. Un corazón doble para una mente doble. Y un dolor doble también.
-Se marcha- sollozaba ella-. No le volveremos a ver nunca más. No mencionó que eso supondría que moriríamos. Yo deseaba llorar con ella, pero alguien debía mantener la cabeza fría. Me mordí la mano para contener el nudo en mi garganta. Y no me moví. No quería ni respirar. Todo era silencio. Todo a excepción del llanto de Melanie en mi cabeza.

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