Era una tarde como otra cualquiera, en un colegio del barrio de San Blas llamado, Juan de Valdés.
En uno de los momentos en el cambio de clase baje un momento a la secretaria para pedir que si me podían dar las medias de las notas para bachiller.Pero me habían dado 2 min para bajar y subir, entonces tenia que ir todo lo rápido que pudiera, y así lo hice baje como una bala.
Al cabo de un rato me di cuenta que no paraba de bajar escaleras, que no se acababan nunca, hasta que por fin vi la puerta que da a la secretaría pero no me di cuenta de que enfrente mía había una persona y me choque con ella, al incorporarme y ayudar a la persona a hacerlo, me di cuenta que tenia mi cara.
-¡No puede ser!-me dije a mi misma-¡es imposible!
Me frote bien los ojos,para ver si solo era una imaginación, pero cuando me quite las manos la persona ya no estaba, era todo muy raro, y la verdad que me asuste un poco, pero bueno yo solo tenia 2min y ya llevaba 1 perdido tenia que darme prisa.
Al ir a secretaria me paso exactamente lo mismo, ¡todos tenían mi cara! salí corriendo sin saber que hacer y donde ir, pero ya solo me quedaban 30 segundos y tenia que estar en clase, a cualquier sitio que mirara, en donde me escondiera, no paraba de verme en el cuerpo de otras personas.
Al final me levanté y me dije a mi misma:
-Carla, estas tonta, todo esto es solo tu imaginación.
Así que me dispuse a ir hacia clase, y cuando entré todo era muy raro las personas me miraban extrañados y no sabia porque......
Me ha gustado mucho este relato. Eso sí, de poco me valió el año pasado enseñarte que detrás de un adverbio no podemos utilizar un posesivo sino que debemos utilizar un pronombre personal: se dice "delante de mí", no "delante mía". Y las tildes brillan por su ausencia.
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